En medio de una creciente tensión política y social, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negó este domingo que su gobierno esté planeando una “guerra” contra la ciudad de Chicago, pese a una publicación incendiaria en su red Truth Social que desató críticas y preocupación a nivel nacional.
Antes de partir hacia Nueva York para asistir a la final del Abierto de Tenis de EEUU, Trump declaró ante la prensa: «No vamos a ir a la guerra. Vamos a limpiar nuestras ciudades», reafirmando su intención de intervenir en urbes que, según él, enfrentan amenazas a la seguridad pública.
La controversia estalló este sábado 6 de septiembre, cuando el mandatario compartió una imagen inspirada en la película Apocalypse Now, en la que aparece sobre un fondo de rascacielos, helicópteros y fuego, acompañada por la frase: «Me encanta el olor a deportaciones en la mañana… Chicago va a descubrir por qué se llama Departamento de Guerra”. El mensaje hacía alusión al reciente cambio de nombre del Departamento de Defensa, ahora denominado oficialmente “Departamento de Guerra”.
Desde la Casa Blanca, el zar de la frontera, Tom Homan, intentó matizar el mensaje presidencial, asegurando que fue “sacado de contexto” y que la “guerra” mencionada se refiere a una ofensiva contra cárteles criminales, inmigración ilegal y amenazas a la seguridad ciudadana. Homan también anticipó un posible despliegue de la Guardia Nacional en Chicago esta misma semana, aunque sin ofrecer detalles por tratarse de “información sensible”.
Este episodio se suma a una serie de medidas de militarización impulsadas por Trump. El pasado 11 de agosto, el presidente asumió el control de la seguridad en Washington D.C. por 30 días, alegando una “emergencia” por criminalidad, a pesar de que las cifras de homicidios son las más bajas en tres décadas. La Guardia Nacional extendió su presencia en la capital hasta el 30 de noviembre, en medio de una demanda ciudadana contra el despliegue militar.
Trump ha manifestado su intención de replicar esta estrategia en otras ciudades gobernadas por demócratas, como Nueva Orleans y Baltimore, ignorando el rechazo de alcaldes y gobernadores locales. La retórica presidencial, cada vez más belicosa, ha encendido el debate sobre los límites del poder ejecutivo y el uso de fuerzas militares en territorio nacional.
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