Una espera angustiosa junto a la frontera. Cada pocos minutos la misma pregunta rompe el silencio frente a la verja que separa Marruecos de Ceuta.
«¿Has visto a mi hijo? ¿Lo conoces?». Es la frase que más se escucha entre quienes esperan noticias de un familiar desaparecido desde la entrada masiva de decenas de miles de migrantes a la ciudad española el pasado 30 de julio.
Llegan desde Tánger, Fez, Casablanca, Tetuán y otras ciudades marroquíes. Algunos llevan varios días durmiendo cerca de la frontera. Otros recorren hospitales, morgues y dependencias policiales sin obtener respuestas.
Todos sostienen el mismo gesto: un teléfono móvil con una fotografía que muestran a cualquiera que regresa desde Ceuta.
Según fuentes policiales españolas, al menos 44 personas permanecen oficialmente desaparecidas, aunque organizaciones humanitarias y familiares advierten de que la cifra real podría ser mayor. Entre quienes siguen sin ser localizados hay niños de apenas nueve años, adolescentes y jóvenes, además de una mujer de 55 años.
Un rumor que terminó en tragedia
Muchos de los desaparecidos abandonaron sus hogares convencidos por mensajes difundidos en redes sociales que aseguraban que la frontera estaba abierta y que llegar a Ceuta sería sencillo.
Lo que encontraron fue una travesía que acabó convirtiéndose en una de las peores tragedias migratorias recientes en la frontera sur de Europa.
Las autoridades españolas han confirmado al menos 72 víctimas mortales, mientras Marruecos no ha difundido un balance oficial de fallecidos, heridos o desaparecidos. Los testimonios de quienes lograron regresar coinciden en describir escenas de caos en el mar, con cientos de personas luchando por mantenerse a flote entre el oleaje y las corrientes.
«Había muchos muertos», recuerda Jalil, un trabajador sudanés que atravesó varios países africanos antes de intentar alcanzar Ceuta a nado. Regresó herido porque comprendió que permanecer allí era imposible.
Otros migrantes narran cómo vieron desaparecer a compañeros entre las olas sin poder hacer nada para ayudarlos.
Los rostros detrás de las cifras
Detrás de cada fotografía hay una historia interrumpida. Zahra busca a su hermano Abjanib, un joven universitario de 23 años que tenía empleo y cuya decisión de cruzar la frontera todavía no logra comprender.
«Los jóvenes quieren un futuro mejor, pero no es la manera», dice mientras sostiene su fotografía.
Ibrahim tampoco encuentra explicación para la desaparición de su hijo de 17 años. Salió de Fez con apenas 400 dirhams —unos 40 euros—, dinero que había ahorrado para comprarse ropa.
Desde entonces no ha vuelto a saber de él. «Hemos ido al hospital, hemos preguntado en la Policía y nos dicen que no está registrado ni entre los detenidos ni entre los fallecidos. Por eso seguimos aquí esperando», relata.
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