Luce complicado y puede profundizar las brechas de acceso y calidad, el horizonte del año escolar 2026-2027 en Venezuela, luego de los terremotos. José Javier Salas, coordinador de Proyectos Especiales de la Escuela de Educación de la UCAB, presenta un diagnóstico de dos realidades contrastantes de cara al inicio de clases, previsto para octubre.
Por un lado, la de las comunidades educativas cuyos planteles tuvieron afectaciones leves y podrán retomar sus actividades sin mayores tropiezos. En este grupo, Salas incluye a aquellas instituciones que sufrieron daños intermedios, pero con capacidad de respuesta.
«Las escuelas con mayor músculo financiero apostarán por iniciar el nuevo ciclo en modalidad remota y digital, reactivando las lecciones aprendidas durante la pandemia mientras logran recuperar sus espacios físicos», menciona.
La otra cara de la moneda se concentra en entidades como el estado La Guaira, donde miles de niños y adolescentes lo perdieron todo, incluyendo sus escuelas, y permanecen en refugios se están desplazando con sus familias hacia otras ciudades.
«El impacto de la tragedia en La Guaira generó una pérdida humana y material muy fuerte que está impulsando una migración masiva de familias y docentes hacia Caracas y otras regiones del país. Este proceso saturará inevitablemente la capacidad de los colegios receptores, lo que probablemente obligará a implementar jornadas de trabajo a tiempo parcial y turnos alternos», dice.
El profesor confirma que los colegios capitalinos ya se encuentran recibiendo un volumen inusual de solicitudes de cupos, una dinámica de desplazamiento que modificará la matrícula e impulsará el cambio de estudiantes entre instituciones públicas y privadas por razones principalmente económicas.
A este panorama suma el déficit de personal calificado, una crisis que «no mostrará mejoras a corto plazo». Salas aclara que, si bien las estadísticas oficiales son difusas y el sistema absorbe a adultos sin formación pedagógica formal o jóvenes de misiones gubernamentales para mantener los salones abiertos, el «vacío de verdaderos profesionales de la docencia es alarmante», lo cual seguirá afectando la calidad formativa.
«Cuando a ti te dicen que faltan 250.000 docentes, tú deberías pensar que si yo voy a una escuela y toco la puerta, no hay gente, pero no es asi, porque el déficit de docentes nosotros lo entendemos como déficit de personal calificado, personal formado para ser docente. Ese déficit es enorme. Pero el déficit de personal docente, entendiendo como docente cualquier adulto capaz de estar frente a un salón de clases y mantenerlos callados, ese déficit es distinto, muy distinto, porque tienes escuelas donde la mamá o el papá se quedó, no está formado, pero está ahí. Tienes liceos donde, mira, sí, no tengo al profesor graduado de física y matemática, pero tengo a alguien de chamba juvenil o de cualquiera de las múltiples misiones que ellos tienen y está siendo de docente», advierte.
Educación en los refugios: la prioridad no es la aceleración académica
Salas recuerda que otro desafío educativo a corto y mediano plazo tiene que ver con el acompañamiento a los miles de niños y adolescentes que permanecen en refugios. Por eso, cree imprescindible orientar la labor pedagógica en los llamados campamentos transitorios, advirtiendo que la improvisación puede resultar perjudicial para los damnificados.
«Si bien el nivel de desprendimiento y solidaridad del docente, y del venezolano en general, es incomparable en el cortísimo plazo, la atención en los refugios exige un criterio técnico riguroso, delicadeza y una profunda responsabilidad socioemocional», apunta el profesor.
El experto considera que la regla de oro para los maestros que trabajen en estos espacios es «honrar la planificación y comprender que el objetivo principal en este momento no es el avance académico, sino garantizar la seguridad física y emocional de los niños, niñas y adolescentes».
En este contexto de vulnerabilidad, enfatiza que «carece de importancia inmediata si un niño domina matemáticas o castellano; la prioridad absoluta es brindarle un entorno de acogida, resguardo y protección que evite la retraumatización».
Lineamientos educativos para campamentos transitorios: rutinas, resiliencia y recuperación emocional
José Javier Salas precisa que el Clúster de Educación en Venezuela, mecanismo de coordinación humanitaria liderado por UNICEF en el que participan varias organizaciones, incluyendo la Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC) y la propia Escuela de Educación UCAB, publicó recientemente los «Lineamientos para Espacios Educativos y de Bienestar Infantil en Campamentos Transitorios».
La guía ofrece criterios comunes a los docentes para garantizar que los procesos de aprendizaje en los refugios promuevan protección, aprendizaje socioemocional, participación, convivencia y continuidad educativa durante la respuesta y recuperación ante emergencias.
«Su propósito principal no es la aceleración académica, sino la continuidad educativa y la protección integral mediante el restablecimiento de rutinas, el fortalecimiento de la resiliencia, la recuperación emocional y la garantía de sus derechos a la educación, a desarrollarse, participar, aprender y disfrutar un entorno seguro durante la situación de desplazamiento. Asimismo, favorecen la convivencia pacífica, la participación, la cultura y la recreación, al tiempo que preservan y fortalecen los vínculos familiares, afectivos, culturales y comunitarios que contribuyen a la recuperación y a la reconstrucción del tejido social», se lee en el documento.
Pero más allá de lo que establece este manual, el profesor ucabista insiste en que el acompañamiento didáctico en estos espacios debe estar en manos, principalmente, de educadores formados o estudiantes universitarios avanzados, pues cuentan con un nivel de madurez y criterio que les permite manejar con mayor cautela la interacción con quienes acaban de sufrir pérdidas familiares y materiales.
“Aquí hay que ser muy cuidadoso de la forma, porque son personas que acaban de pasar por una situación que les marcó su vida para siempre. Los educadores que allí trabajen tienen que ser delicados, responsables y honrar la planificación. En eso el voluntario tiene que ser prudente, porque de nada sirve agravar una situación que no necesita más para ser peor”, comenta.
![]()
