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La empresa estatal estima que la capacidad de generación disponible rondará los 1.160 megavatios (MW). La crisis energética cubana se ha profundizado durante los últimos años debido a una combinación de factores. La situación energética continúa impactando la actividad económica y la vida cotidiana de la población

Cuba afronta una nueva jornada marcada por severas interrupciones del servicio eléctrico, con una disponibilidad energética insuficiente para cubrir la demanda nacional. Según las previsiones de la Unión Eléctrica (UNE), durante las horas de mayor consumo la afectación podría alcanzar a cerca de dos tercios del país de manera simultánea.

La empresa estatal estima que la capacidad de generación disponible rondará los 1.160 megavatios (MW), frente a una demanda máxima proyectada de 3.100 MW. Esto provocaría un déficit cercano a los 1.940 MW y obligaría a aplicar cortes programados para evitar el colapso del sistema.

La crisis energética cubana se ha profundizado durante los últimos años debido a una combinación de factores, entre ellos la escasez de combustible, las limitaciones operativas de las centrales termoeléctricas y la falta de inversiones en infraestructura energética.

Actualmente, varias unidades de generación permanecen fuera de servicio por averías o trabajos de mantenimiento. Entre ellas figura la central termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada la más importante del país, que ha registrado múltiples fallas en las últimas semanas.

La generación eléctrica en Cuba depende principalmente de plantas termoeléctricas alimentadas por crudo nacional y de motores que utilizan combustibles importados. A ello se suman aportes de fuentes renovables y de instalaciones de generación a gas, cuya participación sigue siendo limitada dentro de la matriz energética nacional.

Especialistas han advertido que la recuperación integral del sistema requeriría inversiones multimillonarias para modernizar equipos, ampliar la capacidad de generación y reducir la vulnerabilidad de la red eléctrica.

La situación energética continúa impactando la actividad económica y la vida cotidiana de la población, en medio de una prolongada crisis que ha derivado en frecuentes apagones y crecientes reclamos por la calidad de los servicios públicos.

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