A menos de 100 días para el pitazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026, lo que se proyectaba como un «boom» económico sin precedentes se ha transformado en una crisis de confianza. En las últimas semanas, las principales ciudades sede del Mundial de fútbol han registrado un desplome en las tarifas hoteleras, una señal clara de que la demanda internacional es significativamente menor a la esperada.
«El deseo de la gente de venir a Estados Unidos ha bajado significativamente», indica Lior Sekler, director comercial de HRI Hospitality.
Expertos atribuyen el desinterés de los aficionados a viajar a EE. UU. al endurecimiento de las políticas migratorias, la inestabilidad por el conflicto con Irán y una insatisfacción general con el clima político actual.
«Estamos viendo a mucha gente entrar en pánico y bajar sus tarifas», señaló Scott Yesner, gestor de hoteles boutique. Por su parte, Sekler, fue tajante al afirmar que las expectativas de que el Mundial fuera un gran imán para el turismo extranjero simplemente «no se están materializando».
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