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Es mala idea en Argentina dar por muerto al peronismo antes de tiempo. Javier Milei ha debido tomar nota de ello este domingo por la noche, muy a su pesar. Las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, donde vive el 40% del censo nacional, asestaron una dura derrota al presidente ultraderechista. Los resultados oficiales, con el 96% de las mesas escrutadas, han otorgado en el conteo general el 47% de los votos al peronismo, reunido en sus variadas versiones en el frente Fuerza Patria, frente al 33,8% de La Libertad Avanza, más de 13 puntos de diferencia. No alcanzó al Gobierno nacional ni siquiera la fusión con el Pro, el partido del expresidente Mauricio Macri, reducido ahora a una fuerza minoritaria dentro del armado nacional del partido oficial.

“Hoy hemos tenido una clara derrota y hay que aceptarla”, dijo Milei desde el centro de campaña montado en La Plata, la capital provincial. “Han puesto todo el aparato peronista que manejan desde hace 40 años y este sería el piso para nosotros y el techo para ellos”, agregó para advertir, enseguida, que nadie debe esperar grandes cambios: “No se retrocede ni un milímetro en la política del Gobierno, el rumbo lo vamos a acelerar más. Si hemos cometido errores en lo político lo vamos a procesar y lo vamos a hacer mejor para ganar en octubre”.

Kicillof tuvo poco después su fiesta peronista, rodeado de los candidatos y jefes de distrito que le responden. Se escuchó la voz de Cristina Kirchner, que envió un mensaje grabado desde su casa, donde cumple seis años de arresto domiciliario por una condena por corrupción. El gobernador advirtió luego a Milei que las urnas le pidieron un cambio de rumbo. “El mensaje de las urnas es que no podés gobernar para los de afuera, para los que más tienen. Milei: tenés que gobernar para el pueblo”, dijo. “Las elecciones demostraron que hay otro camino y hoy empezamos a recorrerlo”, cerró, con la vista en las legislativas nacionales y, a largo plazo, las presidenciales de 2027. Al final se escuchó, como un ritual, la marcha peronista.

El resultado de este domingo es una pésima noticia para Milei, que se puso al hombro la campaña de una elección por principio irrelevante, que insistió en nacionalizar y convirtió en una batalla a matar o morir contra el kirchnerismo, en el poder en la provincia. “Vamos a poner el último clavo en su ataúd”, repitió durante las últimas semanas. “La Libertad arrasa”, solía decir. A medida que los sondeos dejaban de sonreírle, habló de un “empate técnico”. En la víspera electoral, el mensaje desde la Casa Rosada viró hacia el de una “derrota digna”, menor a cinco puntos, y la convicción de que, cualquiera fuese la diferencia en contra, la ultraderecha sumaría diputados y senadores en el Congreso provincial. La batalla por atender, insistieron, se librará dentro de casi dos meses, el 26 de octubre, cuando los argentinos elegirán senadores y diputados nacionales.

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