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El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés) aseguró este lunes que sus últimos ataques con misiles tuvieron como objetivo la oficina del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el cuartel general del comandante de la Fuerza Aérea de Israel (IAF).

En un comunicado publicado por la agencia Fars, el IRGC expresó: “La oficina del primer ministro criminal del régimen sionista y el cuartel general del comandante de la Fuerza Aérea del régimen fueron atacados’’.

El reporte detalló que en la operación se utilizaron misiles Kheibar (misiles balísticos de medio alcance diseñados para atacar objetivos militares estratégicos en la región).

Israel, por su parte, informó que no hubo heridos durante los bombardeos.

La ofensiva militar más amplia entre Israel, Estados Unidos e Irán comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Jerusalem y Washington lanzaron una operación conjunta contra múltiples objetivos militares en territorio iraní, incluidos complejos asociados con altos mandos del gobierno y fuerzas armadas de Irán.

Las autoridades israelíes señalaron que esta campaña fue planificada durante meses y buscaba desorganizar capacidades estratégicas de Teherán tras tensiones prolongadas sobre su programa nuclear y misiles balísticos.

En respuesta, la República Islámica replicó con lanzamientos de misiles balísticos y drones contra el Estado judío y múltiples bases estadounidenses en la región del Golfo Pérsico.

Además, se registraron interceptaciones de proyectiles por parte de defensas aéreas en países como Emiratos Árabes Unidos.

En este contexto, varias naciones del Golfo activaron alertas y medidas defensivas, y en algunos casos se observaron explosiones y humo en sus territorios vinculados a estos ataques.

La escalada tuvo efectos colaterales significativos: el tráfico aéreo civil en Medio Oriente fue severamente interrumpido, con miles de vuelos cancelados o retrasados, y varios países cerraron sus espacios aéreos por riesgos asociados al conflicto en expansión.

Las tensiones generaron preocupación internacional sobre la estabilidad regional y las implicaciones económicas en mercados energéticos globales.

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