El dirigente venezolano y ex preso político Enrique Márquez reaparece en el debate público con un mensaje que rompe con parte del discurso dominante de la oposición. A sus 62 años de edad, el ingeniero y exvicepresidente del Consejo Nacional Electoral sostiene que la recuperación democrática de Venezuela no llegará por una ruptura abrupta, sino a través de un proceso gradual que debe construirse desde dentro de las propias instituciones del chavismo.
En entrevista con El País, el político zuliano insiste en que el camino posible pasa por actuar dentro de la legalidad vigente y empujar una apertura política basada en la persuasión, el diálogo y los consensos. Esa posición lo ha distanciado de algunos sectores de la oposición venezolana, que cuestionan la viabilidad de impulsar cambios desde estructuras que consideran controladas por el oficialismo.
Tras pasar más de un año detenido luego de denunciar irregularidades en las elecciones presidenciales de 2024, el dirigente fue liberado en enero tras la captura de Nicolás Maduro por parte de organismos de seguridad estadounidenses. Desde entonces ha retomado la actividad pública con una agenda intensa que incluyó un viaje a Washington, donde asistió como invitado personal de Donald Trump al discurso del Estado de la Unión.
Su presencia en el Capitolio generó incomodidad en algunos sectores de la oposición venezolana, que interpretaron el gesto como una señal política ambigua. Márquez, sin embargo, ha evitado entrar en la polémica y prefiere centrar su mensaje en el papel que, a su juicio, puede desempeñar Estados Unidos como aliado en el proceso de reconstrucción democrática del país.
El dirigente político habla de las críticas que ha recibido desde la propia oposición y de su apuesta por una transición política que -según defiende- solo será posible si logra construirse paso a paso y con amplios consensos dentro y fuera del chavismo.
—Creo que Venezuela es otro país después del 3 de enero. Un factor externo se convierte en un evento que gira de forma dramática el cuadro interno. Obviamente, hay un nuevo juego: los actores se movieron. Esos sucesos encontraron a la oposición desubicada. El gobierno estadounidense ha tomado decisiones polémicas, complicadas, pero le brindan al país una oportunidad.
—¿Qué opina de que Delcy Rodríguez esté en el poder?
—Dependerá de sus actuaciones. Ella es el resultado de las circunstancias. Lo que sí considero es que está obligada a hacer los cambios que están planteados en el país. Nuestro papel será hacer política y forzar esos cambios.
—¿Cómo se puede forzar ese tránsito?
—Necesitamos una concertación de la sociedad venezolana para presionar al gobierno. Que continúen los cambios en la dirección correcta. Ahora mismo estamos en el proceso de nombramiento de un nuevo fiscal general y un defensor del pueblo, dada la renuncia de ambos. Nosotros deberíamos aspirar a un fiscal que tenga autonomía en el cargo, que sea garante del Estado, como le corresponde, equidistante de los actores políticos. Pero si no nos gusta tanto el proceso y nos salimos de él, estaríamos cometiendo un error. Hay que participar e influir desde dentro.
—El aparato represivo del régimen sigue activo.
—Sí, claro. Pero la única manera de avanzar hacia la democracia es retando esa situación. Aquí tenemos que ir a un proceso de renovación total de los poderes públicos. Hay que recobrar la libertad de expresión plena, que nos conduzca a una democracia a través de una elección transparente.
—Los sectores que respaldan a María Corina Machado sostienen que, con su liderazgo tan claro, lo lógico sería alinearse con su estrategia. ¿Qué les responde?
—Respeto mucho a María Corina Machado. Me parece una mujer muy valiente, perseverante, inteligente. Tiene muchas virtudes como persona, sin duda. Por algo ha sido reconocida con el Nobel de la Paz. Es una de las líderes más importantes del país. Pero eso no significa que todos dejemos de hacer política. En política no deben existir devotos. En este momento, por tener un punto de vista propio, estoy recibiendo más ataques de la oposición que del chavismo. Insultos bastante desconsiderados, por cierto. Los caminos para conquistar la democracia no tienen por qué ser excluyentes. Además, no hay elecciones planteadas en lo inmediato.
—Sus palabras elogiosas hacia José Luis Rodríguez Zapatero han generado críticas en algunos sectores.
—Me aproximé a este tema desde el punto de vista personal. El señor Zapatero se comportó como un verdadero amigo, como un caballero con mi familia mientras estuve preso. Yo no puedo ser malagradecido. También al presidente Donald Trump le di personalmente las gracias por lo que hizo por mi salida de prisión. Y al expresidente dominicano Leonel Fernández, así como al expresidente panameño Martín Torrijos. Somos víctimas de una visión de la realidad gobernada por el odio instaurado en las redes sociales.
—¿Comparte los puntos de vista de Zapatero sobre la crisis venezolana?
—Tengo coincidencias y algunas diferencias. He sido testigo de su trabajo para liberar presos políticos. Zapatero ha hecho una intermediación fundamental para sacar a gente de la cárcel en Venezuela. Yo tengo derecho a agradecer a quienes me han ayudado. La nobleza obliga.
—¿Cómo ve el papel de Estados Unidos en la crisis venezolana?
—Debo decir que hubiera preferido otro desenlace para Venezuela. La comunidad internacional, no solo Estados Unidos, dio muchas oportunidades a Nicolás Maduro para que reflexionara, para que asumiera responsabilidades, para que abriera espacios para la democracia. No fue posible. Las organizaciones internacionales tuvieron muchos problemas para encontrar una solución. Los venezolanos veíamos con mucho pesimismo lo que iba a ocurrir, porque ya lo hemos intentado todo para recobrar la libertad.
—¿Le preocupa la pérdida de soberanía nacional en manos de una potencia extranjera?
—Lo primero que hay que recuperar es la soberanía popular, la capacidad de dirigir nuestro propio destino. Estados Unidos no está interesado en una ocupación permanente. Creo que ellos tienen un plan coherente para este proceso.
—¿Cuánto tiempo puede durar ese proceso?
—Creo que el menor posible, pero el necesario para hacer las cosas bien. Tampoco es tan malo tener de socio comercial a la principal potencia del planeta. No es malo venderle nuestro petróleo, tener un entendimiento económico cercano con un país con tanto poder de consumo. Necesitamos superar la pobreza, bajar la migración, reencontrarnos con nuestras familias, generar empleos de calidad, recuperar nuestra industria petrolera y nuestro sector privado. Estados Unidos juega un papel importante en nuestra lucha por la democracia.
—¿Cómo evalúa el papel del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, tras lo ocurrido el 3 de enero?
—Tengo una observación más técnica que política sobre el tiempo que lleva como ministro. Usualmente, el mundo militar está fundamentado en la rotación de sus cargos. Hay una forma natural de ocupar responsabilidades en las Fuerzas Armadas. Padrino debería abrir camino a las nuevas generaciones. Son 12 años en el mismo cargo. Percibo que hay que abrir espacios. Y no lo digo desde la acusación, sino desde la lógica profesional.
—¿Deberían poder regresar al país exfuncionarios como Miguel Rodríguez Torres?
—Son casos particulares, cada uno tiene su carga. Cada quien tiene su karma espiritual y su karma político. Rodríguez Torres también fue perseguido, estuvo preso y le dijeron cosas feas a su familia. Celebro que regrese, porque merece estar aquí en su patria. Así como hablo de él, hablo de todo el exilio.
—¿Se ve aspirando a la presidencia en una eventual transición?
—Aspiré a la presidencia en el 2024 para intentar desarrollar una política. Mi objetivo ahora es lograr que haya una elección democrática al final de un proceso de defensa de la Constitución. Cuando lleguemos a ese puente, tendremos que ver en cuáles condiciones estamos.
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