Diosdado Cabello, ha vuelto a colocar el foco sobre la líder opositora María Corina Machado. En sus más recientes declaraciones, el funcionario oficialista no solo advirtió sobre un supuesto plan de retorno de la dirigente para Semana Santa, sino que matizó su discurso con un tono de ambigüedad calculada.
La «sorpresa» para el retorno
Aunque Cabello aseguró manejar reportes precisos sobre la intención de Machado de movilizar a la opinión pública durante el asueto religioso, evitó dar detalles sobre la respuesta del Estado.
«No diré cuál es la sorpresa que le tengo». Esta declaración deja en el aire un abanico de posibilidades, desde medidas de seguridad reforzadas hasta acciones judiciales, manteniendo la incertidumbre como herramienta política.
Gran parte del discurso de Cabello se centró en lo que él define como una «ruptura» en el apoyo internacional hacia la oposición. Según el ministro, el escenario ha cambiado drásticamente debido a tres factores clave:
De esta manera asegura que Machado ha perdido el respaldo del presidente Donald Trump tras haber buscado acercamientos con el sector demócrata.
El funcionario sostiene que figuras como Iván Duque y Álvaro Uribe estarían distanciados del bloque opositor, molestos por los acercamientos de Trump con el mandatario colombiano, Gustavo Petro.
Para el chavismo, la supuesta crisis de la oposición es consecuencia de la «incoherencia» y la actitud de Machado frente a estos cambios geopolíticos.
Movilización por Maduro y Cilia Flores
En un movimiento paralelo, el oficialismo busca capitalizar la indignación de sus bases ante la situación legal de Nicolás Maduro y Cilia Flores, actualmente detenidos en Estados Unidos bajo cargos de narcoterrorismo.
Cabello instó a sus seguidores a mantener la presión para exigir su liberación, calificando los días actuales como «amargos». La estrategia judicial, liderada por el abogado Barry Pollack, continúa estancada tras la negativa de usar fondos venezolanos bloqueados por la OFAC para cubrir los costos legales. La próxima audiencia en Nueva York, fijada para el 26 de marzo, se perfila como un punto crítico en esta narrativa de victimización.
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