El inicio de 2026 trajo consigo un panorama desolador para la economía cubana, marcada por una parálisis casi total en el suministro de hidrocarburos. Hasta la fecha, la isla solo recibió un cargamento de crudo proveniente de México, país que, ante la amenaza de aranceles por parte de Estados Unidos, canceló una segunda entrega programada. La administración de Claudia Sheinbaum optó por limitar su apoyo al envío de alimentos mientras busca negociar con Washington una vía para reanudar el flujo energético.
A este aislamiento se sumó Jamaica, que también cesó sus exportaciones de combustible hacia La Habana, dejando a la nación caribeña en una situación de vulnerabilidad extrema.
Expertos en materia energética advierten que, sin nuevos suministros, Cuba agotará sus reservas en menos de dos meses. Esta asfixia económica provocó el rechazo de aliados estratégicos como Rusia y China; mientras el canciller ruso, Serguéi Lavrov, calificó la presión externa como inaceptable, el gobierno chino denunció prácticas que considera inhumanas.
Internamente, la escasez de crudo —agravada por el cese del suministro venezolano— se traduce en apagones diarios que ya superan las diez horas en La Habana. Ante esto, el Gobierno cubano pidió a la población «estoicismo y austeridad», asegurando que el país se preparó para enfrentar la presión de la actual administración estadounidense.
En el ámbito diplomático, el escenario es contradictorio. Mientras Donald Trump afirma que un acuerdo podría estar cerca tras diversos contactos, la cancillería cubana matiza que no existe un diálogo formal, sino un intercambio de mensajes discretos. La tensión aumenta con la posibilidad de que Washington suspenda las conexiones aéreas y el envío de remesas, medidas que cortarían el último respiro financiero de la isla.
Finalmente, el sector turístico, pilar fundamental para la obtención de divisas, atraviesa un momento catastrófico. Durante 2025, el país apenas atrajo a 1,8 millones de visitantes, cifra que quedó muy por debajo de los 2,6 millones previstos. El desplome del 17,8% refleja el impacto de las sanciones y la desconfianza internacional.
Mercados clave como Alemania, Rusia y Canadá redujeron drásticamente sus viajes debido a las alertas emitidas por diversos gobiernos sobre el deterioro sanitario y la crisis de servicios públicos. A diferencia del resto del Caribe, Cuba se hunde en una crisis que combina el rigor de las sanciones políticas con un colapso interno de sus infraestructuras básicas.
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