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La deuda acumulada de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) con empresas energéticas europeas se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la reactivación del sector petrolero del país. Solo con la italiana Eni, el pasivo alcanzaba unos 3.300 millones de dólares al cierre de 2025, incluyendo una parte significativa en intereses.

A esta cifra se suma la deuda con la española Repsol, que supera los 5.000 millones de dólares, lo que eleva la exposición total a más de 8.000 millones en compromisos vinculados principalmente al suministro de gas, recoge Reuters.

El origen del problema está en el funcionamiento del campo gasífero Perla, el único proyecto offshore activo del país, operado conjuntamente por ambas compañías. La producción, destinada en gran parte a cubrir la demanda eléctrica interna, fue entregada durante años sin pagos efectivos debido a las restricciones financieras que enfrentó Venezuela.

Las sanciones impuestas por Estados Unidos limitaron severamente la capacidad de Pdvsa para operar en dólares y acceder al sistema financiero internacional, bloqueando incluso mecanismos alternativos de compensación como el pago con crudo. Esta situación llevó a una acumulación progresiva de deuda desde 2019.

Sin embargo, el escenario ha comenzado a cambiar. La reciente flexibilización de sanciones y ajustes en la legislación energética venezolana han abierto la puerta a nuevas fórmulas de pago y a una mayor participación extranjera en el sector.

En este nuevo contexto, tanto Eni como Repsol ven mayores posibilidades de recuperar sus acreencias, incluso mediante esquemas de pago en petróleo o mediante la ampliación de sus operaciones en el país. Además, ambas compañías han iniciado contactos con autoridades estadounidenses para participar en una eventual recuperación de la industria energética venezolana.

Más allá del monto adeudado, el caso refleja el delicado equilibrio entre sanciones, inversión extranjera y seguridad energética. La resolución de estas deudas será clave no solo para las empresas involucradas, sino también para el futuro de Venezuela como actor relevante en el mercado energético global.

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