El presidente de Filipinas, Ferdinand “Bongbong” Marcos Jr., declaró este martes 24 de marzo la emergencia energética nacional ante el peligro inminente para el suministro de hidrocarburos por el conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
La medida convierte a Filipinas en el primer país en aplicar una respuesta tan drástica, a causa directa de la agresión conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el pasado 28 de febrero.
Con la Orden Ejecutiva N.º 110, el mandatario activó el Paquete Unificado para los Medios de Vida, la Industria, la Alimentación y el Transporte (UPLIFT). Esta estrategia integral busca coordinar a todo el gabinete para mitigar la volatilidad de los precios y la escasez de combustible.
Las autoridades iraníes, por su parte, han advertido que no saldrá de la región «ni una sola gota de petróleo» por mar mientras persistan las agresiones imperiales, lo que anticipa una escalada en la crisis de abastecimiento global.
Marcos Jr. alertó sobre la posibilidad real de que los aviones queden en tierra por las restricciones de abastecimiento. El jefe de Estado señaló que diversas naciones ya comunicaron a las aerolíneas filipinas la imposibilidad de suministrarles combustible, obligándolas a cargar reservas para viajes de ida y vuelta.
Esta situación pone en riesgo crítico los vuelos de larga distancia y podría paralizar una parte esencial del transporte aéreo global. Ante la inestabilidad de sus fuentes tradicionales, el Gobierno filipino ha manifestado su interés en explorar nuevos proveedores, evaluando la posibilidad de adquirir crudo ruso a pesar de no ser un suministrador histórico.
Mientras tanto, Malasia se mantiene como la principal fuente de petróleo para el archipiélago, y Japón y Corea del Sur continúan siendo los abastecedores de combustibles refinados. La crisis energética global se agudizó considerablemente tras los bombardeos perpetrados por fuerzas estadounidenses e israelíes que resultaron en la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, y de altos mandos militares de la República Islámica.
En represalia por este ataque directo a su soberanía y la destrucción de su infraestructura energética, Teherán bloqueó el estratégico estrecho de Ormuz. Este punto neurálgico, que conecta el golfo Pérsico con el de Omán, es fundamental para el comercio mundial, ya que por él transita aproximadamente el 20 por ciento del petróleo consumido globalmente, su cierre ha disparado los costos de transporte y seguros marítimos a nivel mundial, generando una onda expansiva de inestabilidad económica y financiera.
La República Islámica de Irán ha respondido a la agresión con ataques masivos a instalaciones petroleras vinculadas a Estados Unidos en la región, evidenciando la escalada del conflicto. Mientras Washington e Israel mantienen su política de hostigamiento, países dependientes de la energía como Filipinas comienzan a sufrir el impacto directo de una guerra que amenaza con paralizar sectores vitales de la economía global y el transporte internacional.
Esta situación subraya la vulnerabilidad de las naciones del Sur global ante las acciones de las potencias imperiales en regiones estratégicas como Oriente Medio, y la urgente necesidad de construir una arquitectura energética y de seguridad más justa e independiente.
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