Los recientes ataques militares de Estados Unidos contra tres embarcaciones en el mar Caribe, señaladas por Washington de transportar drogas, han evidenciado el amplio despliegue naval y aéreo que el Pentágono mantiene en la región, en lo que califica como una operación antinarcóticos y antiterrorismo. Así lo reporta The New York Times, que cita a funcionarios militares, diplomáticos y analistas que ven en esta ofensiva una estrategia para aumentar la presión sobre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Altos cargos del gobierno de Donald Trump consideran a Maduro un “líder ilegítimo” y lo acusan de dirigir redes criminales. “No vamos a tener a un cártel, operando o haciéndose pasar por un gobierno, en nuestro propio hemisferio”, declaró el secretario de Estado Marco Rubio a Fox News, recordando que el mandatario venezolano fue imputado en Estados Unidos y tiene una recompensa por su captura.
El diario señala que la fuerza estadounidense desplegada —unos 4.500 efectivos a bordo de ocho buques de guerra, con cazas F-35 en Puerto Rico— es demasiado pequeña para una invasión, pero sí permite incursiones de operaciones especiales. Analistas citados por The New York Times consideran que la presencia de fuerzas de élite sugiere la preparación de acciones más específicas dentro de Venezuela.
El presidente Trump, consultado sobre un eventual cambio de régimen en Caracas, dijo que no ha discutido ese tema con sus asesores. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que el gobierno está dispuesto a usar “todos los elementos del poder estadounidense” para impedir el ingreso de drogas al país.
Maduro, por su parte, condenó el primer ataque, ocurrido el 2 de septiembre, como un “crimen alevoso” y acusó a Washington de intentar provocar una guerra. Según el Times, poco después de esas declaraciones, una segunda embarcación fue destruida.
La enorme flotilla naval frente a las costas de Venezuela y el traslado de cazas F-35 de quinta generación a Puerto Rico tienen poco que ver con una interdicción real de las drogas”, opinó el almirante retirado James G. Stavridis, exjefe del Comando Sur del Pentágono, en declaraciones al periódico. “Más bien, son una clara señal a Nicolás Maduro de que este gobierno se toma cada vez más en serio la posibilidad de lograr un cambio de régimen o de comportamiento por parte de Caracas”.
Además, el senador Jack Reed, de Rhode Island, principal demócrata en el Comité de Servicios Armados, aseveró: “Dado el gran número de medios militares estadounidenses que se han desplegado en el Caribe, está claro que el gobierno tiene la intención de continuar dichas operaciones”.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que los ataques continuarán. Tras el segundo operativo, afirmó en redes sociales: “Los rastrearemos, los mataremos y desmantelaremos sus redes en todo nuestro hemisferio, en el momento y el lugar que elijamos”.
El Times recuerda que la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado no han presentado pruebas que respalden las afirmaciones de Trump de que las embarcaciones transportaban grandes cargamentos de cocaína y fentanilo. Legisladores demócratas, como Jim Himes, han calificado las acciones de “moralmente reprobables” e “ilegales”.
Asimismo, el representante de Washington, Adam Smith, el demócrata de mayor rango en la comisión, apuntó que los funcionarios del Pentágono no habían ofrecido pruebas de justificación legal, aparte de la afirmación de Trump de “defensa propia” para los dos ataques, y no habían proporcionado ninguna información sobre la ubicación de los ataques o quién y qué había en los barcos.
Mientras tanto, el Congreso estadounidense debate un proyecto de ley que otorgaría al presidente poderes amplios para actuar militarmente contra cárteles de la droga catalogados como “terroristas” y contra los países que los alberguen.
El despliegue incluye destructores de misiles guiados —USS Jason Dunham, USS Gravely—, el crucero USS Lake Erie y el buque de combate litoral Mineápolis-St. Paul, además del grupo anfibio Iwo Jima, con 4.500 marineros y 2.200 infantes de marina, detalla The New York Times. Historiadores citados por el medio recuerdan que movimientos militares de este tipo precedieron intervenciones como la invasión de Panamá en 1989 para capturar a Manuel Noriega, acusado de narcotráfico.
Con el aumento de tensiones, que incluyó el sobrevuelo de cazas venezolanos F-16 cerca de un destructor estadounidense, la región se mantiene en alerta. Según Elizabeth Dickinson, analista del International Crisis Group, los ataques “se interpretan como disparos de advertencia que presagian la posibilidad de una nueva escalada”.
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