Qué fue de la vida de Taylor Lautner, el actor de Crepúsculo que no pudo soportar el éxito

Qué fue de la vida de Taylor Lautner, el actor de Crepúsculo que no pudo soportar el éxito

La saga Crepúsculo, cuya primera entrega llegó a los cines en 2008, fue mucho más que un suceso adolescente, y no solo porque supo atrapar a espectadores de otras edades. Su guion estaba basado en la novela homónima de la escritora Stphenie Meyer, aunque en un principio hubo varias controversias por las diferencias entre lo visto en la pantalla grande y lo que podía leerse en el papel. Finalmente se llegó a un acuerdo y pudo estrenarse en las salas, convirtiéndose -lo dicho- en uno de los productos más redituables de la industria, aun cuando las secuelas no obtuvieron el mismo resultado en recaudación ni en las críticas, así lo reseñó INFOBAE.

Pero más allá del suceso, Crepúsculo marcó la vida de sus actores principales. Para bien, y mal. Si bien los grandes protagonistas fueron Kristen Stewart y Robert Pattinson, los vampiros del filme, a la par estuvo la contrafigura, Taylor Lautner, que era parte de la manada de lobos. Dos familias, dos historias, pero con muchos aspectos en común, pese a todo.

Y en la vida real, Kristen, Robert y Taylor -quien nos ocupa en esta ocasión- padecieron en la vida real el costo del éxito. Vivieron situaciones controvertidas a partir de la fama que casi los saca del circuito.

Taylor Lauther nació el 11 de febrero de 1992 en Grand Rapids, Michigan. Su infancia fue sin sobresaltos, transitando un camino similar a otros niños de su ciudad. A los seis años empezó a tomar clases de karate y rápidamente se convirtió en uno de los alumnos más destacados. Con apenas unos meses de entrenamiento, por decisión del profesor que tenía en Fabiano’s Karate School, comenzó a disputar campeonatos. Casi siempre se regresaba a su casa con algún trofeo.

Tenía solo ocho años cuando representó a los Estados Unidos en la World Karate Association donde, en la modalidad Junior World Forms and Weapons, ganó tres medallas doradas. Para los 11, Taylor ya era el número uno en el mundo del NASKA’s Black Belt Open Forms. Un año más tarde se llevo el Campeonato del Mundo Junior de Artes Marciales. Para este entonces ya se había mudado a Los Ángeles para -sin descuidar el karate- alimentar su otra pasión: la actuación.

Su primera incursión fue en Shadow Fury, en 2001. Dos años más tarde vino The Bernie Mac Show. Fueron pequeñas apariciones, pero le sirvieron para empezar a rodar su camino. En 2005 lo convocaron para Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl y Cheaper by the Dozen 2. Al concluir los rodajes, estuvo a la deriva por un tiempo, sin obtener papeles pero tampoco preocuparse: le sobraba trabajo como modelo. Hasta que en 2008 llegó el momento en el que tocó el cielo con las manos gracias a su personaje Jacob Black, en Crepúsculo.

Tenía tan solo 17 años cuando pegó el salto y tuvo a Hollywood a sus pies. A partir de entonces, trabajó sin parar: los productores lo tenían como primera opción en cuanto proyecto apareciera. Pero pocos notaban que Taylor padecía los logros, topándose con semejante popularidad siendo apenas un adolescente. Salir a la calle, de un día para el otro, se le hizo imposible. No había manera de que pudiera continuar con su vida como hasta ese momento, y se vio afectado.

“Cuando tenía 16, 17 y 18 años, me despertaba e intentaba simplemente ir a dar un paseo o tener una cita, y tenía 12 coches esperando fuera de mi casa para seguirme a todas partes, o aparecían en el aeropuerto, o donde fuera… Y todos esos fans gritando. No muchas cosas en la vida pueden suceder de un día para otro. La fama, sí. Y también puede desaparecer de repente, eso lo tengo claro también”, dijo Lautner en una entrevista con Today.

Enseguida contó que la mejor alternativa que encontró fue quedarse encerrado en su casa. Salía para filmar, por motivos laborales, y luego regresaba a lo que era su bunker para escapar de todo aquello que lo abrumada. “Pase muchos años sin salir a la calle. Las veces que salía me preparaba para eso; me colocaba un sombrero, gafas de sol, trataba de camuflarme. Aún así salía muy asustado, pensado que me podían descubrir. Todo eso fue generando cierta ansiedad, una sensación fea, por lo que no salía si no era necesario”, agregó el actor.

Estuvo más de una década años sin ir a un supermercado: debió delegar hasta esa tarea cotidiana más sencilla. Una de sus pasiones era ir al cine, y de eso también se tuvo que desprender. Se halló en una encrucijada: estaba feliz con el sueño cumplido de ser actor, triunfar en un mundo en el que muy pocos logran trascender, pero no estaba dispuesto a pagar el precio de la fama.

Su primera incursión fue en Shadow Fury, en 2001. Dos años más tarde vino The Bernie Mac Show. Fueron pequeñas apariciones, pero le sirvieron para empezar a rodar su camino. En 2005 lo convocaron para Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl y Cheaper by the Dozen 2. Al concluir los rodajes, estuvo a la deriva por un tiempo, sin obtener papeles pero tampoco preocuparse: le sobraba trabajo como modelo. Hasta que en 2008 llegó el momento en el que tocó el cielo con las manos gracias a su personaje Jacob Black, en Crepúsculo.

Tenía tan solo 17 años cuando pegó el salto y tuvo a Hollywood a sus pies. A partir de entonces, trabajó sin parar: los productores lo tenían como primera opción en cuanto proyecto apareciera. Pero pocos notaban que Taylor padecía los logros, topándose con semejante popularidad siendo apenas un adolescente. Salir a la calle, de un día para el otro, se le hizo imposible. No había manera de que pudiera continuar con su vida como hasta ese momento, y se vio afectado.

“Cuando tenía 16, 17 y 18 años, me despertaba e intentaba simplemente ir a dar un paseo o tener una cita, y tenía 12 coches esperando fuera de mi casa para seguirme a todas partes, o aparecían en el aeropuerto, o donde fuera… Y todos esos fans gritando. No muchas cosas en la vida pueden suceder de un día para otro. La fama, sí. Y también puede desaparecer de repente, eso lo tengo claro también”, dijo Lautner en una entrevista con Today.

Enseguida contó que la mejor alternativa que encontró fue quedarse encerrado en su casa. Salía para filmar, por motivos laborales, y luego regresaba a lo que era su bunker para escapar de todo aquello que lo abrumada. “Pase muchos años sin salir a la calle. Las veces que salía me preparaba para eso; me colocaba un sombrero, gafas de sol, trataba de camuflarme. Aún así salía muy asustado, pensado que me podían descubrir. Todo eso fue generando cierta ansiedad, una sensación fea, por lo que no salía si no era necesario”, agregó el actor.

Estuvo más de una década años sin ir a un supermercado: debió delegar hasta esa tarea cotidiana más sencilla. Una de sus pasiones era ir al cine, y de eso también se tuvo que desprender. Se halló en una encrucijada: estaba feliz con el sueño cumplido de ser actor, triunfar en un mundo en el que muy pocos logran trascender, pero no estaba dispuesto a pagar el precio de la fama.

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