Qué es el cerebro reptil y por qué vuelve a los líderes adictos al poder

Qué es el cerebro reptil y por qué vuelve a los líderes adictos al poder

El cerebro se estructura en tres partes diferencias, y que son resultado de la evolución. Se trata de un modelo enunciado en su momento por el médico norteamericano y neurocientífico, Paul MacLean, sobre el llamado “cerebro triúnico”.

La teoría de MacLean expone que el cerebro ha ido añadiendo capas y capas a lo largo de la evolución, de este modo, iríamos desde la parte más primitiva o reptil, semejante con otros animales; hasta una capa más afinada y sofisticada resultado de progreso como humanidad.

-El primer cerebro es el complejo-R o cerebro reptil: es el más profundo, el más antiguo, el que controla en realidad las emociones más primitivas: la agresión, la territorialidad, la rabia, la violencia, los rituales y las jerarquías sociales.

-El segundo es el sistema límbico: es la parte del cerebro que controla las emociones de socialización: respeto, empatía, compasión, la consciencia de uno mismo y la consciencia de grupo. Es la parte que más cohesiona socialmente, la que nos diferencia de los animales y que nos permite actuar de modo más efectivo.

-La tercera parte, más nueva y superficial, es el neocórtex que controla la funciones superiores como: el razonamiento, el lenguaje o la visión y regula las emociones. Es él quien nos dice aquello de “contrólate, respeta a quien tienes delante. Piensa antes de actuar, cálmate”

Pero si el neocórtex no logra o no quiere inhibir estas emociones, da paso a ese sótano profundo donde se esconde el cerebro reptil. Ese pozo oscuro donde asoma la violencia, la falta de respeto, el orgullo, la agresividad y la hostilidad.

¿Qué significa esto? Todos conocen ejemplos de personas que rigieron o rigen con el cerebro reptil. Líderes adictos al poder que desarrollaron un escenario casi tribal de guerras donde mantener dicha jerarquía social, donde defender la territorialidad y sus propios principios al son de la violencia.

Personalidades que, lejos de controlar las emociones, de racionalizar su rabia para buscar el origen o de templar las ansias de violencia, simplemente, se dejaron llevar. Si a ello le sumamos un contexto social propicio para que salte la chispa encendida por un líder carismático, los resultados pueden ser nefastos.

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