GUÍA DE RECOMENDACIONES OPERATIVAS PARA EL RETORNO SEGURO A LOS CENTROS ESCOLARES DE LOS NIVELES EDUCATIVOS OBLIGATORIOS

GUÍA DE RECOMENDACIONES OPERATIVAS PARA EL RETORNO SEGURO A LOS CENTROS ESCOLARES DE LOS NIVELES EDUCATIVOS OBLIGATORIOS

1.-Objeto
La presente Guía tiene como objeto la presentación de recomendaciones
operativas que orienten el retorno seguro a clases presenciales en los niveles de
Educación Inicial, Educación Primaria, Educación Media General y Educación Media
Técnica. En lo aplicable, esta Guía también puede emplearse en las modalidades
reguladas por la Ley Orgánica de Educación.
2.-¿A quién va dirigida?
La presente Guía está dirigida a equipos directivos, sociedades de padres y
representantes, responsables, docentes y demás actores involucrados en el proceso
educativo correspondiente a los niveles de Educación Inicial, Educación Primaria,
Educación Media General y Educación Media Técnica.
3.-Sistema educativo venezolano y pandemia COVID-19
Con la declaratoria de la pandemia del virus Sars-Cov-2 y la enfermedad de
COVID-19 por la Organización Mundial de la Salud en marzo de 2020, todas las
naciones del mundo se encontraron con un escenario no previsto en los últimos 100
años, una crisis sanitaria de carácter global con profundos efectos en los sistemas
económicos, políticos y con sus consecuencias en la sociedad en su conjunto.
El sistema educativo y la realidad cierta de la práctica pedagógica en todos los
centros escolares de los niveles obligatorios resultaron profundamente impactados,
ya que por una situación inédita de emergencia sanitaria, las aulas se vieron
forzosamente obligadas a migrar a una modalidad remota apoyada en medios
digitales.
Sobre el particular, la UNESCO (2020) reconoce que “El cierre de las escuelas
a nivel mundial en respuesta a la pandemia de COVID-19 plantea un riesgo sin
precedentes para la educación, la protección y el bienestar de la niñez.” (p. 1)
Justamente, los Estados se encontraron en la disyuntiva de preservar la vida o
garantizar el derecho a la educación. La sabia decisión fue ensayar, en un contexto
inédito, una vía de garantizar ambas cosas. Esto se cristalizó con la puesta en práctica
de situaciones de enseñanza y de aprendizaje a través de aulas virtuales, con su
adecuación en actividades síncronas y asíncronas.
Sin embargo, esta acción -también de carácter global- implica consecuencias
en la socialización de niños y jóvenes, la interacción entre docentes y estudiantes en
el contexto cierto del aula,así como la ausencia de planes complementarios que
fortalezcan el esfuerzo de cada centro escolar, entre los que se incluyen los
programas de alimentación escolary demás acciones de carácter asistencialista. Sin
más, la pandemia reveló lasprofundas desigualdades sociales en cada nación.
En el caso particular de Venezuela, golpeada por una severísima crisis política,
económica y social calificable como emergencia humanitaria compleja, la solución
propuesta por el Ministerio del Poder Popular para la Educación fue el programa “Cada
Familia una Escuela”, en vigencia desde la declaración del Estado de Alarma. Este
programa implicó el empleo de los recursos audiovisuales y telemáticos creados por
el propio Ministerio de Educación, a través de órganos en el área como FUNDABIT,
ColombeiaTV, Dirección de Recursos para el Aprendizaje, con la intención de ofrecer
actividades de aprendizaje y estrategias de evaluación a los estudiantes en sus
hogares. Todo ello, con el objeto de garantizar la continuidad de la acción escolar, el
proceso de enseñanza-aprendizaje y la prosecución académica.
Al mismo tiempo, programa “Cada Familia una Escuela” implicó el uso de los
canales de comunicación integrados al sistema nacional de medios públicos, y la
capacidad instalada del Proyecto Canaima Educativa, como medios alternativos al
aula presencial. Estos medios alternativos implicaban el cumplimiento de estrategias
didácticas y de evaluación correspondientes a la modalidad de educación a distancia
a través de la teleclase, las aulas virtuales y el portafolio didáctico. Ello exigió la
participación y colaboración de madres, padres, representantes y responsables como
actores integrados al proceso educativo de niños y adolescentes. Estos adultos
significativos quedaron encargados de gestionar el cumplimiento del horario de las
teleclases, la supervisión del trabajo por las aulas virtuales, la ejecución de las
actividades de aprendizaje y el acompañamiento en el ensamblaje de los portafolios
didácticos.
En detalle, “Cada Familia una Escuela” comenzó como una propuesta
experimental para el cierre del segundo momento pedagógico del año escolar 2019-
2020 y, una vez prorrogado el Estado de Alarma y la cuarentena obligatoria, pasó a
ser la modalidad de desarrollo del tercer momento pedagógico y cierre del año escolar,
manteniéndose con vigencia a lo largo del año escolar 2020-2021. Esta realidad contó
con el aval de una consulta a los afiliados al sistema Patria, donde el 90% de sus
afiliados respondieron afirmativamente a una encuesta nacional digitalen tal sentido.
Desde una visión crítica, vale señalar que las naciones que poseen sistemas
educativos robustos, expresados en muchos y buenos docentes, respaldo social a sus
funciones profesionales, apoyo firme y cierto de la familia a la tarea de la escuela, así
como claridad en sus políticas educativas y una capacidad tecnológica instalada;
cuentan con mejores condiciones para seguir educando en contextos de cuarentena.
Lamentablemente, esta no es la realidad del sistema educativo venezolano.
A los problemas estructurales que evidencia el sistema y la escuela
venezolana, se le une el Programa “Cada Familia una Escuela”. Este programa reveló
la ausencia de su articulación con los diseños curriculares oficiales de cada nivel y
modalidad, carencia de la planificación y programación de secuencias didácticas
funcionales al nivel de desarrollo y potencial de adquisición de conocimiento de niños
y adolescentes, persistencia de la improvisación en las teleclases que se transmiten
por la señal abierta de VTV y sobrexplotación del COVID-19 como tema integrador.
También, el programa “Cada Familia una Escuela” puso en evidencia en el
desempeño de los facilitadores de las experiencias de aprendizajes la falta de
conocimiento sobre los contenidos que se presentan, así como la ausencia de
pertinencia para las características del desarrollo de los niños a quien va dirigido el
programa, más aún en los niveles de Inicial y Primaria. Destaca la precariedad en el
lenguaje utilizado, mala pronunciación y deficiencias en la articulación al hablar,
modelaje que en poco contribuye a la formación de nuestros niños y adolescentes.
Asimismo, la falta de secuencia y coherencia en el desarrollo de la secuenciadidáctica
no permite mantener un hilo conductor en el desarrollo de la experiencia explicada
llevando las actividades a un cierre totalmente desarticulado con su posible propósito.
La imagen del docente que allí se refleja en nada contribuye al rescate de la vocación
por la profesión de educar, tan necesaria para levantar a nuestro país.
4.-Consecuencia del cierre de las escuelas en un contexto pandémico
Como parte del seguimiento realizado durante el confinamiento ocurrido al
inicio de la pandemia y la posterior desescalada tendiente a una mayor actividad
económica, la UNESCO (2020) apuntó un conjunto de consecuencias adversas
como efectos del cierre de las escuelas y la adaptación a la enseñanza medida por
nuevas tecnologías. Estas pueden organizarse en los ámbitos social y pedagógico.
En el ámbito social se encuentran la profundización de las brechas propias de
sociedades desiguales, en las que se profundizaron las diferencias en los modos y
recursos para el cuidado de niños y jóvenes, la mala nutrición por la no asistencia al
comedor escolar, el aumento de los costos como resultado del mantenimiento de la
educación mediada por medios digitales, el incremento de la exposición de niños y
jóvenes a contextos de violencia y explotación, así como la verificación d el
aislamiento social. Esto último entendido como “…la pérdida del contacto social
como base esencial para el desarrollo integral y el aprendizaje.” (p. 2)
Corresponden al ámbito pedagógico lo referido a la interrupción de la
continuidad del proceso de aprendizaje por el acceso precario a medios digitales, la
confusión y estrés generado en los docentes por la acelerada adaptación a la
modalidad remota en línea, la poca o ninguna preparación de los padres,
responsables y cuidadores para cumplir su función de apoyo a la actividad escolar
en casa, la probabilidad del aumento de la deserción escolar, la validez y confiabilidad
de los resultados de la evaluación de los aprendizajes, así como el sostenimiento de
los retos propios en la creación, mantenimiento y mejoramiento del aprendizaje
remoto. Retos que van más allá de lo técnico, del manejo de una plataforma o
aplicación, van de la mano con la preparación y actualización del docente en ejercicio.
Vistas las consideraciones presentadas hasta este punto, a un año de la
declaración de la pandemia global por COVID-19 la decisión más pertinente, certera
y posible es el regreso a clases presenciales. Regreso que implica la puesta en
práctica de un conjunto de acciones que dependen de la realidad cierta de cada centro
escolar, el perfil de docentes que la integra, la comunidad en la que se encuentra y la
solidez de la relación familia-escuela-comunidad existente.
5.-Medidas recomendadas para el retorno seguro
A partir de las consideraciones avanzadas hasta este punto, lo referido a
medidas recomendadas para el retorno seguro se presentan en dos fases: Fase
preparatoria y fase de retorno efectivo. Cabe preguntarse por qué dos fases.
Justamente, la larga temporada de la ausencia de docentes, niños y adolescentes
en los centros escolares implica su adecuación a condiciones mínimas de
bioseguridad antes de la llegada de los grupos de estudiantes por grado o año, así
como también la incorporación efectiva del cuerpo docente, personal directivo y
administrativo, sin olvidar la trascendente tarea de cristalizar una práctica pedagógica
que no olvide el distanciamiento físico, higiene de manos y uso constante de la
mascarilla.
5.1.-Medidas recomendadas-Fase Preparatoria
La fase preparatoria implica un proceso de análisis y valoración en cada
centro escolar por parte de sus actores, especialmente equipo directivo, docentes y
familias. Los elementos mínimos a considerar están relacionados con el
aseguramiento de la efectividad de las medidas de bioseguridad en el centro, la
organización de los grupos por aula y la adecuación de los medios de comunicación
con la comunidad educativa. Se recomienda que las acciones referidas a la Fase
Preparatoria sean revisadas, organizadas y ejecutadas por un comité ad hoc,
preferiblemente conformado por una representación de los padres por cada nivel
educativo atendido, el personal docente y el equipo directivo. Sus encuentros de
trabajo requieren el cumplimiento estricto de las medidas de bioseguridad, o en su
defecto, la toma de decisiones ocurra de forma telemática.
a.-Aseguramiento de la efectividad de las medidas de bioseguridad
La reincorporación de la presencia de estudiantes y docentes a cualquier centro
escolar requiere la revisión del estado de los servicios públicos, especialmente lo
referido al agua potable, las condiciones de salubridad y aseo de laescuela, el estado
general de la planta física de las aulas y demás espacios, sin olvidar lo vinculado a la
demarcación de la zona de acceso, zonas de circulación, espacios comunes y la
posibilidad de una zona de resguardo temporal si llegare a detectarse algún estudiante
o docente que presente síntomas de COVID-19 durante su instancia en el centro.
En esta Guía se entiende como Zona de Acceso a los espacios destinados
para la toma de temperatura de toda persona que desee ingresar a la escuela y
aplicación de las primeras medidas de higiene para acceder a cualquier dependencia.
Por Zona de Circulación se comprende a todo espacio de uso comúnque se emplea
para el desplazamiento de personas dentro del plantel. Zona de Aulas son los
espacios de interacción natural de docentes y estudiantes, concebidos para el
desarrollo de la práctica pedagógica. Zona de Uso Común implica a los espacios
compartidos para los diversos grupos de estudiantes y docentes. Incluyen las áreas
administrativas, el patio de recreo, la biblioteca, cantina, comedores, entre otros.
Por su parte, la Zona de Resguardo Temporal se entiende como un espacio
reservado exclusivamente para el confinamiento temporal de cualquier persona que
hace vida en el plantel, que durante su permanencia manifieste los síntomas de
COVID-19. Se recomienda que el espacio de confinamiento temporal esté libre de la
circulación de personas. En esta categorización se incluyen las Áreas Restringidas,
que son todos aquellos espacios del plantel que por sus condiciones no permiten
cumplir con el distanciamiento físico, ni tampoco con las medidas mínimas de higiene.

Fuente : UCAB

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